Tras la reelección del presidente Donald Trump, Evelyn Rodríguez, trabajadora social en una escuela de K-8 en el Norte de Chicago, recibió una carta de uno de sus estudiantes. Ese estudiante ya no asiste a clases. Nadie en la comunidad ha vuelto a verlo a él ni a su familia.
La carta decía: “Estoy triste porque las noticias están diciendo que me van a reportar y deportar a Ecuador”. El estudiante se sentía angustiado por los reportes sobre las amenazas de deportación de Trump, y pensó que pronto sería expulsado de su barrio en Rogers Park rumbo a Ecuador.
En septiembre, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) iniciaron la Operación Midway Blitz, durante la cual detuvieron a niños y adultos presuntamente indocumentados, muchas veces usando la fuerza.
Las detenciones desencadenaron la organización inmediata de activistas locales para proteger a sus vecinos. “Protect Rogers Park”, un grupo comunitario fundado en 2017, ha liderado entrenamientos de vigilancia contra ICE y conecta a familias afectadas con servicios de apoyo.
“Probablemente es la primera vez que hemos tenido que activarnos de una manera tan intensa”, dijo Torrence Gardner, miembro fundador de la organización.
Gardner asegura que el grupo ha presenciado al menos diez detenciones de inmigrantes en el vecindario desde que los agentes federales llegaron a la ciudad. Los miembros del grupo las llaman “abducciones”.
Rodríguez, quien ha asistido a eventos de “Protect Rogers Park”, dijo que su escuela ha visto una disminución de más de 100 estudiantes en la matrícula. Otros, aunque siguen inscritos, trabajan desde casa en Chromebooks provistas por la escuela porque dicen que asistir en persona ya no se siente seguro.
Rodríguez añadió que varios padres también están faltando a reuniones esenciales con el personal escolar por temor a trasladarse hasta la escuela. Incluso el evento escolar de Halloween “Trunk or Treat” fue cancelado porque agentes federales estaban posicionados en el estacionamiento.
“Están perdiéndose la socialización. Se están perdiendo las relaciones con sus pares, la regulación emocional. Se están perdiendo de tanto que necesitan en las etapas tempranas del desarrollo”, dijo Rodríguez. “Me molesta porque lo único que puedo decir es ‘lo siento’”.
Estos son solo algunos de los cambios que las familias han experimentado debido a la Operación Midway Blitz.
Gardner afirma que ICE ha utilizado una táctica conocida como “staging”, prohibida por la orden ejecutiva de la alcaldía que declara a Chicago una “zona libre de ICE”, que consiste en utilizar estacionamientos, lotes vacíos y garajes de la ciudad para movilizar o desplegar personal migratorio.
“Protect Rogers Park” nunca había visto algo así.
“Nos adaptamos rápido, y esta es la mayor participación que hemos tenido, con miles de voluntarios”, dijo Gardner.
Como respuesta, los voluntarios de “Protect Rogers Park” han organizado patrullas escolares para ayudar a estudiantes y padres a llegar a casa de manera segura, y han distribuido silbatos para alertar cuando se avisten agentes. También organizan eventos como sesiones de capacitación, seminarios educativos y “B*tch and Wine”, un espacio para que la comunidad pueda desahogarse con una copa de vino.
Después del inicio de la operación, los vecinos se reunieron de inmediato en una manifestación, y el tráfico en las redes sociales del grupo se disparó.
“No habíamos visto nunca este nivel de intensidad”, dijo Gardner.
Joey Sylvester, otra de las primeras integrantes del grupo, se ve a sí misma como una facilitadora comunitaria. A menudo se le ve en los eventos repartiendo los ya reconocibles silbatos naranjas, recopilando información de contacto y respondiendo preguntas sobre servicios disponibles y oportunidades de voluntariado.
Sylvester, de 79 años, ha dedicado la mayor parte de su vida adulta al voluntariado y al activismo. En los años sesenta protestó contra la guerra de Vietnam. Ha trabajado con mujeres previamente sin hogar y con madres que han perdido a sus hijos por violencia. Dice que su activismo se debe tanto a su crianza como a sus hijos.
“Tengo dos hijos que son negros, y para mí, a un nivel personal, parte de mi organización desde que ellos están conmigo está ligada también a esa lucha”, dijo.
En 1982, Sylvester formaba parte de la iglesia Wellington United Church of Christ, una de las primeras congregaciones públicas más allá de la frontera mexicana en ofrecer santuario a migrantes guatemaltecos y salvadoreños indocumentados.
Cuando Trump fue elegido para su primer mandato, Sylvester recibió un llamado masivo a la acción de parte de los cofundadores de “Protect Rogers Park”, Gabe González y Marissa Graciosa. Respondió de inmediato y caminó hasta la iglesia Living Water, donde más de 300 personas se estaban reuniendo.
“Nos organizamos bastante. Hablamos con los vecinos sobre sus derechos. Formamos equipos para distintos aspectos de la resistencia”, recordó. “Tuvimos eventos comunitarios. Dimos entrenamientos de autodefensa y de vigilancia contra ICE”.
Hubo poca actividad de ICE durante años, hasta diciembre pasado, tras la reelección de Trump. Sylvester se reunió entonces con fundadores y voluntarios para hacerse una pregunta clave: “¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Aún tenemos la capacidad para este trabajo?”
La respuesta fue sí, aunque en ese momento nadie imaginaba lo que enfrentaría la comunidad.
“Este contexto es muy distinto debido a los riesgos y la brutalidad que estamos viendo ahora”, dijo Sylvester.
Los esfuerzos de seguridad del grupo responden a varias necesidades, explican sus miembros. Los escoltas voluntarios no siempre pueden impedir una detención, pero Gardner dice que pueden actuar como elemento disuasivo.
Los voluntarios graban las interacciones entre ICE y la comunidad para que “Protect Rogers Park” pueda dar seguimiento y ayudar a los detenidos. También intentan avisar a familiares y alertar a otros vecinos. Gardner y otros dicen que las patrullas escolares brindan un sentido de seguridad a niños y familias.
Pero las sensaciones no garantizan la seguridad.
El 5 de noviembre, agentes de ICE ingresaron a una guardería en el barrio de North Center y detuvieron a una maestra frente a los niños, desatando conversaciones entre los organizadores sobre cómo ayudar a las familias a encontrar cuidado infantil seguro y otros servicios.
“Necesitamos que más personas sigan involucrándose porque la gente se está cansando — más manos, más ojos y más oídos, porque esto está lejos de terminar”, dijo Gardner.
Gardner no es ajeno al activismo. Nieto de una activista de derechos civiles e integrante del Salón de la Fama Lésbico de Chicago, comenzó su propio trabajo a los 23 años, recién graduado y viviendo en St. Louis.
“Me involucré en lo que luego fue Black Lives Matter”, dijo. “Pero todavía no era Black Lives Matter. Era… un chico que fue asesinado por un oficial en Ferguson, Missouri”.
Los disturbios en Ferguson por la muerte del joven Michael Brown, de 18 años, marcaron el inicio del movimiento Black Lives Matter.
“Y yo estaba allí”, dijo Gardner.
Sylvester ha sido una figura activa en Rogers Park por muchos años, un barrio que ella llama “La República Popular de Rogers Park”. Pero dice que ya es hora de que otros asuman el liderazgo.
“Me honra poder seguir haciéndolo… a mi edad”, dijo. “Todavía puedo mantener el ritmo física y mentalmente con los jóvenes que son el futuro. A ellos les toca llevar esto adelante”.
Pero así como Rodríguez se preocupa por sus hijos y sus vecinos, sigue preocupada por sus estudiantes.
“Este es el trabajo social ahora, porque nuestros sistemas están rotos”, afirmó. “Nuestros sistemas no están funcionando”.
A pesar de los desafíos sin precedentes que enfrentan sus estudiantes, Rodríguez dice estar “muy orgullosa de las familias que siguen acudiendo a la escuela y que continúan persiguiendo su educación”.
A través de todo, los miembros de “”Protect Rogers Park”” también han apoyado a los estudiantes, y su compromiso de continuar hasta que todos se sientan seguros en la escuela y en sus hogares es claro.
Traducido al español por Laura Vázquez David.
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